Espero con mi mochila de tela. Tengo un ataque de orgullo de no
arreglarme, de que no me importa demasiado el momento. Me llama para confirmar que llegué ¿por
qué no está si ya me llamó dos veces? Ahí aparece él, en un auto color plata.
Creo que es él, el polarizado solo me deja ver unas manos grandes. ¿Es o no es?
Se destraba la puerta y lo veo, reconozco esos ojos azules remarcados por una
hilera de pestañas negras. La puerta se abre casi sola y en esa fracción de
segundos me siento una chica de la calle que levantan y él parece un abogado de
la mafia italiana. Estoy aturdida, tiene un traje oscuro con unas líneas apenas
visibles color oliva. Se le marcan los músculos, huele muy bien, parece que le brillara
la boca. Está bronceado ¿en mayo? Estoy desorientada, no es el hombre de
remera y jeans que conocí pero extiende los brazos al volante y parece que la musculatura
le va a abrir el traje…
Me doy cuenta que se arregló, que pensó en cada detalle, voy a empezar a tartamudear… Y me vine con mis botas de felpa, no tengo otras. Mejor sigo con mi traje de recia que funciona; yo desisto de ir a comer afuera, él se cambia, vuelve a su remera y jeans. Me pregunta cómo me animo a ir a su casa, le digo que se artes marciales (sé donde trabaja, mi amiga me averiguó todo). Está nervioso, se toma una botella de vino entera. Hace chistes, es divertido, la pasamos bien. Se viene el momento de sacarnos todo, no lo puedo creer, tiene un cuerpo de modelo, como las publicidades de perfume con un hombre en calzoncillos blancos tirado entre las montañas, la piel parda que le brilla por el sol y el mar que lo moja. No puedo creer que estemos los dos en el mismo mar de sábanas. Un de pensamiento en forma de hilo me atraviesa.
El orgullo me vuelve a entrar por todos los poros, de un solo tirón se vuelve una armadura o tal vez un abanico metálico. Voy a tomar lo mismo que él, sólo un buen momento… Tiene ganas de volverme a ver…
Alquiló una peli que apenas vimos, tiene la comida preparada, ay, hoy no se parece en nada a eso que vi la primera vez. Estoy fascinada, bajo la guardia, tal vez si le gusto de verdad. Me va a pasar a buscar… va a cruzar unos treinta kilómetros de autopista.
Me doy cuenta que se arregló, que pensó en cada detalle, voy a empezar a tartamudear… Y me vine con mis botas de felpa, no tengo otras. Mejor sigo con mi traje de recia que funciona; yo desisto de ir a comer afuera, él se cambia, vuelve a su remera y jeans. Me pregunta cómo me animo a ir a su casa, le digo que se artes marciales (sé donde trabaja, mi amiga me averiguó todo). Está nervioso, se toma una botella de vino entera. Hace chistes, es divertido, la pasamos bien. Se viene el momento de sacarnos todo, no lo puedo creer, tiene un cuerpo de modelo, como las publicidades de perfume con un hombre en calzoncillos blancos tirado entre las montañas, la piel parda que le brilla por el sol y el mar que lo moja. No puedo creer que estemos los dos en el mismo mar de sábanas. Un de pensamiento en forma de hilo me atraviesa.
El orgullo me vuelve a entrar por todos los poros, de un solo tirón se vuelve una armadura o tal vez un abanico metálico. Voy a tomar lo mismo que él, sólo un buen momento… Tiene ganas de volverme a ver…
Alquiló una peli que apenas vimos, tiene la comida preparada, ay, hoy no se parece en nada a eso que vi la primera vez. Estoy fascinada, bajo la guardia, tal vez si le gusto de verdad. Me va a pasar a buscar… va a cruzar unos treinta kilómetros de autopista.
Un mal humor me invade como si toda
esa mañana alguien se hubiera reído de mí a escondidas, espiándome por un
vidrio. ¿Es que no va a venir? no me habían plantado desde los catorce pero
sentí la misma angustia, la misma desesperación. Lloré, Las lágrimas salieron
como si ese espía las hubiera soltado cuesta abajo en manada, sin explicación.
Lloré porque me dejaron en mi casa arreglada y pintada, por haber lavado mis
zapatillas a mano y porque cumplía treinta y un años.
Tal
vez ser una preciosa ridícula o una necia pretensiosa, en cualquier caso,
ningún traje sirve para esconderme de mi…
Una mujer con consecuencias


